domingo, 16 de agosto de 2015

10 Haiku de amor, viaje y crear

Luces de calle
de pie los dos - tras ellas
cae la lluvia.

Violín, silencio
vino que se derrama:
tu canción queda.

Flor de jamaica
en el agua ya tibia -
pies que se alejan

Ojos cerrados
los labios que se expanden -
aroma de arroz.

Arena, tierra -
cuántos pies, cuántos nervios
pisando en el sol.

Diez rascacielos -
un hombre mira arriba
las mariposas.

Una mano, dos
pieles que no se tocan:
frío, el río.

Tinta que corre:
en un trueno de noche
regresa la luz.

El viento sopla -
dos hemisferios chocan
lluvia en la arena.

Rojo, verde, azul
sostienen una cámara
la sangre, venas.

martes, 14 de abril de 2015

La Tierra de los Duraznos




Lo primero que vio fue una uña cortada en el suelo y dos sandalias rotas, las dos del pie derecho. Davinia abrió los ojos mucho antes de que amaneciera, esta vez no extendió su brazo, ni caminó hacia la cocina para preparar el desayuno. Se vistió toda de verde y salió a cazar.

El jaguar tenía sus tres ojos verdes sobre Leonidas, se abalanzaron el uno sobre el otro, Leonidas sostenía una lanza con su brazo más fuerte y cuando iba a clavarla en el pecho de su oponente, la sandalia nueva y menos flexible de su pie derecho, se atoró en una roca haciéndolo tropezar.

Davinia entró a la casa, abrió las cortinas, como siempre lo hacía cuando el segundo astro de luz comenzaba a brillar, pero esta vez él no estaba ahí para mirarla, ni cosiendo botas para vender entre los habitantes de la Tierra de los Duraznos, ni afilando sus armas. Davinia cargó la carne y regresando del patio se dejó caer sobre las sábanas rosas que desde hace cuatro días estaban sobre la alfombra.

Leonidas volvió a casa con dulces para Davinia un licor nuevo que Xhar le obsequió pocas horas antes y una sandalia derecha nueva; su forma de frenar la motocicleta con el pie derecho sobre el suelo rocoso lo hacía desgastar primero su sandalia derecha. Sobre la alfombra, Davinia se cortaba las uñas de la mano izquierda, y Leonidas se recostó junto a ella, que mirándolo todavía admirada  de él, le regaló toda su atención.

Ahí en la alfombra, Davinia encontró los dulces restantes bajo el sillón, sabían al vino que los hombres de la Tierra de los Duraznos fabricaban, ese vino con el que Leonidas brindaba cuando tenía una razón extra para ser feliz. Davinia se comió los nueve que sobraron y cuando terminó lloró, porque ya no quedaba más nada.

 -Los dulces son para Davinia. Dijo Leonidas mientras pagaba monedas de jade a Xhar, el mejor productor de vino de durazno que Leonidas había conocido en los años viviendo ahí. -¿Qué festejan, ya van a darle sobrinos al viejo tío Xhar?- Preguntó levantando su labio del lado derecho, mostrando sólo algunos de sus largos dientes y riendo como en secreto. -Espero que pronto- respondió Leonidas -ahora festejamos que ya todo está listo para volver al país del Norte a nuestra casa- Xhar entonces sacó un pequeño frasco del bolso que siempre tenía colgado era un frasco ámbar -Lleve entonces esto joven Leonidas, seguramente será una tarde muy especial la que tendrán- Xhar rió entre dientes y Leonidas buscó monedas rápidamente en su pantalón -verá, este no lo vendo, es nuevo y es un regalo, además estoy seguro de que no encontrará en todos sus viajes mejor afrodisíaco que el que producimos en esta tierra.

Davinia despertó, era el quinto día sin Leonidas, y las sábanas que se quedaron en la alfombra parecían oler a él. Se levantó y pisó la uña que estaba todavía en el suelo, se decidió al fin a levantarla y caminó dando saltitos con el pie izquierdo hasta llegar al cesto de basura, donde tiró la uña y vio que aún quedaban restos de comida de el último día sin Leonidas. Davinia se metió a bañar, muy callada, como si alguien se pudiera despertar si hacía ruido; en la bañera sintió que el chorro de agua borraba ya las últimas huellas de Leonidas en su piel.

 Leonidas despertó sintiendo la tibieza de Davinia junto a él, el primer astro de luz entraba justo por la rendija rota de la persiana. -No quiero arreglar esa cortina- Fue lo primero que dijo cuando Davinia abrió los ojos -No lo hagas, se ve medio fea y bonita, además me gusta esa luz amarilla que entra- respondió ella estirando su brazo hacia él a ciegas, acariciando su barba con la mano entera como a él le gustaba aunque nunca se lo dijera, al menos no se lo diría mientras ella lo siguiera haciendo, era su secreto y ella sabía que a él le gustaba mantenerlo así. -Pronto despertaremos otra vez con la luz rosa del Norte- Dijo Leonidas acariciando con la orilla de sus dedos el dorso de la mano de Davinia. Ella sonrió con los ojos cerrados, como si continuara soñando. Leonidas, descansando su rostro en la nuca de Davinia, dijo -Ya no hay comida para mañana- y levantándose de la cama añadió -hoy en la noche voy a ir a cazar- Davinia se giró hacia él y lo retuvo con su mirada todavía a medio despertar -No vayas- dijo -quédate, comeremos maíz, frijoles y almendras toda la vida- Leonidas riéndose se sentó junto a ella y quitando el mechón despeinado que caía sobre su frente le dijo. -Hoy tengo una sorpresa para ti, te la diré cuando regrese de trabajar, pasaremos toda la tarde juntos y en la noche voy a casar ¿Te parece bien? -Leonidas le dio un beso suave y Davinia asintió con la cabeza, muy poquito mientras se acomodaba de la cama y lo veía salir de la habitación


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sábado, 15 de noviembre de 2014

Un canto de oscura madrugada en la tierra de los vivientes.


Si me aparto de ti, mi mente se vuelve de escarcha, con un soplo se evapora sobre cualquier superficie. Cuando no paso tiempo, tiempo de verdad contigo, Jesús, me miro y no miro por dentro, en el espejo hay piel, hay telas, mi boca que quiere hablar no puede y mis ojos no lloran, miro un cuerpo sin descanso; si no estamos juntos, juntos en verdad, escribir es como un desayuno frío, sin sabor, y amar no tiene libertad, como un sueño imposible que pesa en los brazos.

Estoy en el desierto, bajo las corrientes, dentro del fuego, donde las aguas azotan mi respiración; si alguna vez te dije, pesa mi corazón, y lo hiciste, salí de ese horno mirándote a ti y no a mi alrededor.

Hoy que podía dormir, hoy el único día para descansar sobre la almohada, no fue en mi cama donde hallé reposo, ni fue en la mente de mis razonamientos, mucho menos en mis afectos; no tengo hambre ni tengo sueño, no tengo fuerza y ni luchando he conseguido lo que tanto anhelo, pero llegaste de madrugada, a sacarme del laberinto sin luz ni reposo, sobre mi espalda pusiste tu mano, en realidad no soy tan grande, tu hombro es el lugar para mi cabeza, en verdad te necesito.

¡Maldito el varón que confía en el hombre! Ha salido ya el sol y no tengo que confesarte más lo arrepentida que estoy, arrepentida de fabricarme refugios fuera de ti, por poner mis ojos en el espejo, en los ojos de cuatrocientas y una personas más que nunca me sacian, y en el espejo hay más espejos, pero nunca tus ojos ni tu reflejo; sólo en las palabras de tu boca se aclara mi mirada como con rocío de plantas medicinales y puedo ver; mi verdadero descanso, lo sé.

Y la aflicción se convierte en silencio y el silencio canta de tu amor, y tu amor me abraza, me acepta, me incluye, me llena. Y la aflicción se vuelve transparente, a través de ella te dejas ver cuando en serio dejo que me encuentres, cuando vuelvo a ti.

Cuánto es que te amo, amor deleitoso, es verdad que si me abandonara el mundo entero tú permanecerías, eres suficiente para mi sonrisa, suficiente para mi paz ¿Cómo es que puedo perderme de ti entre los caminos de mi engaño y mi corazón cuando lo insensato tuyo es más sabio que los hombres? ¿Cómo es que con un Dios como tú puedo fabricarme otros dioses y encerrarme en una caja de cartón que se mueve con el viento y que se moja con la lluvia?

No me justifico, no sé tanto como que creía saber, no soy una burbuja que levita en el aire. Tú eres el único que en verdad me conoce, y aún así me amas. Por tu vida tengo vida y si algo me ha de enorgullecer, es saber que aún cuando siento no saber nada, sí te conozco a ti.

Me acerco porque tú me has extendido la mano, esta madrugada cuando creí que descansar era dormir estaba muy equivocada, cuánto me has mostrado que eres tú el amor de mi vida. Una y otra vez. 

Porque tú nunca te rindes amor, yo tampoco me rendiré.

Andaré delante de Yahveh en la tierra de los vivientes. Sal. 116:9

domingo, 24 de agosto de 2014

Ariel y una historia corta sin fantasía



Sierra de Veracruz desde "La Balastrera" de Aldair Gonzalez S.
La blancura se ralló de rojo, se volvió rosada y Ofelia apagó la licuadora, escuchó pasar el tren que la llevaría a tomar su bote de las 11:00 pm y vertió ese último licuado de fresas salvajes sobre un vaso más alto que la licuadora, delgado como un remo solitario en la laguna de Asphar.

Ofelia vivía en su casa de madera con olor a vainilla, ahí aprendió a hornear, ahí donde vio por última vez a sus papás, donde se quedó sin nadie, ahí en la casa que limpiaba para ella sola y donde vio por primera vez a Ariel, un mensajero en motocicleta que todavía traía el campo de flores verdes y hojas amarillas escrito en los ojos. Ofelia pasó rápidamente el trapo sobre la barra y terminó de limpiar su cocina por última vez.

–Es mejor viajar cuando el satélite del Norte es violeta– Dijo la anciana por el camino señalando con un dedo. Ofelia miró el cielo –Le agradezco maestra Mathilde, pero no puedo esperar un mes más– la anciana sintió en sus pies cómo la tierra pálida se humedecía poco a poco, volviéndose negra –tienes razón, debes irte– dijo, sacando de su bolso un pocillo azul hecho con barro de los volcanes extintos, y tomándolo entre sus dos manos lo acercó a Ofelia. –No puedo recibirlo maestra– Ofelia agachó la cabeza y dio un paso atrás –lo vas a necesitar– respondió la vieja tomando la mano de Ofelia y depositando el pocillo en ella, la anciana apretó sin temblar esa mano tan joven.

Al pedir un café caliente, Ofelia recordó que había dejado su capa en casa de Martina, su mejor amiga, era la capa que le recordaba a un domingo bebiendo café negro con naranja y miel, cuando todo estaba bien y pasaba tiempo con sus amigos; recordó las manos de Ariel, sus cejas gruesas arriba de los ojos que miraban el sol con la cabeza recostada sobre el pasto. Ofelia no regresó por su capa a la casa de Martina, no quería verla llorar cuando se marchara, ni arrepentirse como la mayoría de los que alguna vez planearon marcharse para luego mirar atrás, a pesar de la destrucción inminente; ella prefería dejar algo para que Martina mantuviera esperanza, o que al menos la recordara así, como eran antes.

En la cafetería de la estación, Ofelia miró el café dentro de su pocillo azul, ya había escuchado sobre los volcanes antiguos, cubiertos de un hielo cobalto que no se derretía ni con el verano más caluroso, ni con el humo, ni con vapor. Cuando la lava del gran volcán no consumía jamás sus días, cuando nadie tenía miedo de viajar, y nunca pensaban en la libertad porque todos la tenían, cuando los unía el mismo sentir.

Su mamá, le contó a Ofelia el relato de la nieve que bajó hacia las ciudades, el campo y los bosques, el día en que el gran volcán apareció y los demás se esfumaron. Algunos jóvenes antes de huir del fuego y las rocas, tomaron trozos de nieve que se cristalizaron en sus manos, los que no murieron formaron con este barro un objeto para traer siempre en sus bolsos, cerca de ellos. Ofelia creía que tales objetos eran tan solo un placebo que a los ancianos les infundía valentía por recordarles que si sobrevivieron a la partida de los volcanes, se mantendrían de pie sobre cualquier otra prueba. Pero los maestros decían que tales objetos no eran sólo un símbolo, sino que algo bullía en su núcleo, transformando aquello que contenían, o cortaban, o tocaban, dependiendo de su uso.

De pie, con el boleto de tren en un bolsillo, esperando a que dieran las 11pm y mirando tras la ventana una luz amarillenta, Ofelia bebió el café, cuyo aroma conocía tan bien, ahí donde acostumbraba esperar el tren por las tardes de lluvia junto a Ariel y sus brazos, junto a Ariel y su risa, junto a Ariel empañando con su aliento los cristales de la cafetería, en la estación.
Ahora en ese pocillo de barro azul, el café le supo diferente, como algo que probó cuando era niña, mucho antes de que sus padres se fueran, cuando su mamá y ella pasaban tiempo en la cocina con ingredientes de tierras lejanas, terrones de panela con sabor a clavo, menta o limón; y hogazas de pan con higo, anís y otros nombres que no existen más que en su lengua original. No sabía lo que ese café, en aquel pocillo azul, estaba haciéndole a su corazón, su sangre, espina y mente. Por primera vez Ofelia sintió que no necesitaba fingir fuerza, ni valentía, simplemente se asumió como era ella misma.

Antes de que el fuego reinara sobre la tierra, Ofelia ya soñaba con vivir en las tierras del sur y conocer aquellos lugares de los que le habló su mamá cuando tenía cinco años, cuando creía que vivir los sueños no costaba más que un boleto de tren, una balsa y muchos años de paciencia para ser mayor. Cuando los murmullos de una nueva explosión llegaron a su aldea, Ofelia sintió miedo como nunca, pero sólo le bastaba tener la mano de Ariel sobre la suya, recargar la cabeza sobre sus hombros, y sentir que él era fuerte al decidir, ella lo seguía y se sentía segura. Planearon escapar juntos antes de que el fuego los absorbiera, antes de que los volviera parte de su maquinaria que consume las mentes que olvidando el agua se funden en el magma.

Hubo un pequeño temblor en la tierra, no quedaba ya nadie en la terraza del café, ningún tren se anunciaba, nade más que ella partiría, nadie estaba cerca y aun así Ofelia sentía seguridad, bebiendo de su pocillo, tratando de olvidar las tardes con Ariel, a Martina y el camino del campo, tan lejos de la destrucción. Mirando hacia arriba, directamente al cráter del volcán, el único que quedaba y que desapareció a los demás que sembraban el camino fertilizando la tierra con sus exhalaciones, Ofelia sintió un brillo del satélite sobre su rostro, un brillo que venía de abajo, y descubrió brazos de río que nunca antes habían estado allí. Salían de las faldas de un monte y llegaban hasta fuera del café. La tierra había cambiado.
Martina y Castor llegaron como de casualidad a la terraza donde Ofelia trataba de entender esos brazos de río que formaban pequeños lagos alrededor del volcán. Martina no llevaba con ella la capa, pero se detuvo al lado de Ofelia en silencio, ya no como queriendo convencerla de que no se fuera, y las dos supieron que todo pronto acabaría, que cada una estaría hasta el final donde decidió estar, sin poder arrepentirse más. Ni un poco de duda en Martina, ni un poco de miedo en Ofelia, y Castor de prisa como siempre miraba a Martina para apresurarla. Ofelia y su mejor amiga se sonrieron por última vez. Ningún abrazo, ningún suspiro. Castor salió del café, Martina salió tras él.

Ofelia ya ni siquiera temía encontrarse con Ariel, ni que la persuadiera para quedarse como tanto lo intentó después de haber flaqueado. Al final, Ofelia estuvo a punto de renunciar a marcharse, se quería quedar con tal de permanecer cerca de él y no dejarlo, de sufrir lo mismo que él sufriera tan sólo para poder mirar sus ojos un día más, y sentir lo que sentía todavía el último día, el último momento en que lo vio. Por razones así y por razones menos sólidas la gente se quedaba, por apego a su tierra, gente y cosas que tenían, por orgullo, por no decir adiós, por miedo a ser refugiado, por amor a la destrucción, por un imán que los atraía al volcán, por ignorancia. Pero los sueños que soñaba Ofelia cada noche le hacían alejarse más de la idea, no podía negarlos, porque sabía que si dejando todo se lanzaba a cruzar los ríos, llegaría a una tierra que el fuego nunca podría devorar. A pesar de que pareciera que nada tenía sentido sin Ariel, sus sueños fueron más fuertes que la dependencia que un día tuvo, Ofelia renunció a él y fue libre, renunció a lo que todavía le quedaba cuando lo miraba de cerca, de lejos, o al recordarlo por la noche sola en su habitación, cuando escuchaba pasar su motocicleta, y también cuando dejaba de escucharla. Ofelia, a diferencia de todos los que se quedaron, no tenía a qué aferrarse, no tenía nada más que el sueño que soñaba cada noche, desde hace años, sabiendo que su reinicio estaba lejos de ahí, que debía andar ligera para alcanzarlo.

El cielo se hirió de rojo, se volvió naranja, los lagos se fueron llenando de agua y atrás del volcán una explosión en llamas azules. Ofelia corrió al interior de la estación que estaba vacía, sólo un anciano quebradizo caminaba tranquilo hacia una banca apoyándose sobre un bastón de barro azul, su cabello escurría de agua. Ofelia se le acercó a paso veloz. –Niña no esperes más, si te vas a ir hazlo ahora, el portal de agua se está abriendo y no durará mucho– Ofelia miró el bastón que se arrebolaba como espuma de mar en el atardecer justo donde el hombre apoyaba su mano rugosa. Ofelia se bebió todo el café que le quedaba y guardó su pocillo en el morral que iba colgando en su costado. La piel se le volvió más pálida, como la de un delfín, pero ella continuaba observando al anciano sin saber qué decir –Niña, ¡vete ya! La maestra que te regaló ese pocillo no lo necesita más, ni yo necesito más nada –¡venga conmigo!– dijo Ofelia tomando del brazo al viejo para que se pusiera en pie –no. Mi tiempo ya fue, voy a descansar, pero no esperes a que nadie más llegue niña, los que se fueron se fueron ya, los demás no van a hacerlo– la tierra volvió a temblar y como si fuera a dar a luz, lanzó un grito muy grave, y muy bajo que duró más tiempo del que se le podía prestar atención –Corre hacia las aguas y salta– dijo el viejo cerrando los ojos para no ser molestado. Mientras se recargaba, alzó un poco la mirada y vio a Ofelia regresar casi corriendo hacia la terraza, que ya estaba inundada.

Las promesas de Ariel se habían consumido en cenizas, así como se oscurecieron sus ojos cuando Ofelia le dijo que aunque él no lo hiciera, ella sí partiría. Ariel la dejó ir como si fuera una desconocida, una que pasó por el camino durante dos días sin detenerse en alguna casa; la dejó de escuchar como si nunca la hubiera conocido, como si nunca le hubiera rogado que confesara lo que pensaba; la dejó ahí de pie y sola, donde ella describió sus sueños y la vida que imaginaba a su lado, cruzando las aguas. En una casa en un peñasco blanco. Ofelia planeó y pospuso la partida como esperando a que Ariel se arrepintiera, pero eso fue hace dos años y ahora ya no quedaba ni un pretexto, ni una hora más para marcharse.
Sobre la barda de la terraza una silueta estaba en pie, el agua no la tocaba, Ofelia no percibió nada por mirar sus pies y darse cuenta, con el agua colándose entre sus zapatos tejidos, que era agua helada. Atrás del volcán, el fuego ya no ardía tanto pero el cielo parecía sangrar. No había lanchas, no había nada. Entonces Ofelia saltó hacia la barda para lanzarse sin pensarlo un rato más.

–¡Ofelia!– le dijo el hombre dueño de la silueta, casi como si no pudiera articular otra palabra. –No tengo miedo– dijo, y salió de entre las sombras. Para no dejarse llevar por el impulso de su salto, ni perder el equilibrio, Ofelia trató de sostenerse de algo hasta que él mismo la sostuvo por la muñeca. Cada vez la piel de Ofelia se volvía más como de jadró, pálida, azulada. Los ojos de Ariel que alguna vez habían sido verdes, parecían hechos del agua que brillaba bajo el volcán, y Ofelia no tuvo que escuchar ni una palabra para saber que él ya no era el mismo. –Yo también soñé como tú y contigo, pero tenía miedo. Si quieres, Ofelia, vamos por el mismo camino, si tú quieres que vayamos juntos ya no será como antes, antes yo no sabía a donde iba y tú siempre sabías tu camino, pero ahora yo también conozco el mío– una roca enorme cayó sobre la estación de tren –¡El viejo!– gritó Ofelia tratando de bajar. Ariel se asió de ella, acercándola más a él para no dejarla ir –…Ahora que vamos al mismo lugar ¿Quieres venir conmigo?

Mientras Ofelia entendía lo que estaba ocurriendo, el agua inundó todo el balcón, ella sostuvo la mano de Ariel y la apretó con fuerza, los dos saltaron al vacío de agua que los arrastró por una corriente pequeña y pesada; sobre montículos de tierra, la gente miraba a su alrededor sin saber ni qué hacían, ni qué buscaban, ni qué ocurría; los pocos ancianos parecían más jóvenes que los mismos jóvenes, sentados y cerrando sus ojos en medio la destrucción, tranquilos; hatos de cerdos corrían hacia el fuego gritando como si murieran en el rastro. Ariel cubría a Ofelia en un abrazo, y Ofelia no sentía ya dolor de mirar lo que alguna vez vio como su aldea.

Ariel percibió el fuego sobre el agua, justo delante de ellos, y trató de esquivarlo, pero la corriente era tal que no pudo detenerse y un remolino los succionó poco antes de pasar por las llamas sobre el agua sulfurosa, segundos antes de perder la conciencia.
Arena, polvo de oro y un cielo como una mirada que no esconde nada, despertaron a Ariel, quien se levantó corriendo para ver a Ofelia, ella ya tenía desde antes los ojos abiertos. –Llegamos– dijo él, mirando al fin a su alrededor; algunos otros jóvenes, adolescentes, niños y adultos se acercaban a ellos. Ofelia había perdido su aspecto de palidez azul, pero sus ojos eran grises como la nieve a lo lejos sobre una montaña, en una mañana muy fría; se puso de pie tomando la mano de Ariel. El mayor de los jóvenes, sostenía una corona de plata con zafiros para colocarla sobre la cabeza de Ariel –Los estábamos esperando– dijo mientras estrechaba las manos de los recién llegados. Ofelia buscó su mochila alrededor de ella, sobre la arena, pero no había nada, y no le importó. Una niña de ocho años se le acercó escondiendo algo con los bracitos tras su espalda, estaba descalza y tenía un vestido de playa, sin decir palabra le entregó a Ofelia una corona de plata y cristal púrpura.

Ariel y Ofelia se miraron como si sus sueños se quedaran cortos con la realidad, uno de los jóvenes mayores se acercó a ellos. –Seguro tienen mucho que contarnos, noticias sobre las aldeas, sobre su viaje, nosotros también tenemos mucho que hablar con ustedes. Aquí hay suficiente trabajo por hacer y mucha vida por vivir. Por ahora vengan, les mostraremos su casa– el hombre se presentó y conversando caminaron sobre la orilla del mar, algunos niños iban jugando tras de ellos con el agua, otros intentaban mirar de cerca a los recién llegados, los últimos sobrevivientes, mientras los adolescentes trataban de calmarlos.

Ariel y Ofelia también jugaban con sus pies descalzos sobre las olas, nunca habían visto el mar. Andaban de la mano, el cielo era como alguna vez había sido según contaban los ancianos, azul, de nubes. A lo lejos apareció sobre un acantilado una casa de playa, con balcones y grandes ventanas abiertas de cortinas blancas. Un viento apacible recorría todo el lugar.

martes, 5 de agosto de 2014

Alguien canta una canción de amor por ti


Cuando sientes que debes luchar contra algo que es más grande y cuando tienes miedo, hay alguien que conoce tu capacidad, conoce lo que nadie más; cuando pretendes ser más o menos de lo que eres no le asombras, porque te conoce como ni tú mismo y le agradas simplemente así siendo tú sin un esfuerzo especial... Cuando te miras al espejo ¿Miras solamente lo que odias? Cuando fallas ¿Crees que eso te define? La gente quiere descansar en su aspecto, en su esfuerzo, quiere ser suficiente. Tú eres suficiente. Ni el mejor escultor podría crear algo que refleje más de lo que tú estás diseñado para reflejar, no tienes que verte como en las revistas, no necesitas un atuendo especial, porque estás hecho para atraer, para que lo de afuera se alinee y sea como lo que llevas por dentro, y así brillar lo que brilla en tu espíritu.
No necesitas grandes logros para triunfar, ni necesitas hacer algo para ser alguien, necesitas descansar en que estar dentro de la gracia de tu Creador es suficiente, para vivir, para disfrutar la vida con Él y con los demás, para sacar a la luz todo lo bueno que ya preparó para ti desde antes; sin preocuparte por el escalón en el que vas, ni en qué muro estás, porque eso ya no te define, lo que te define es la Palabra del que dijo "...te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra." Sí, habrá luchas, también sueños y alegrías cumplidas que Él cruce en tu camino; pero mira al que va delante de ti, a la más alta meta, al que calla de amor contigo, encuéntrate con Él de verdad y dime si cualquier cosa en este mundo podría ser más grande, deseable o gloriosa que Él; Y ya dio todo lo que hacía falta para estar contigo. Ahora todo es posible.

viernes, 20 de junio de 2014

Chin yinn´cui


Chin yinn´cui, Mercancía, de Marilyn Escobar, muestra una pequeña parte de lo que ocurre no sólo en México, ni sólo en Latinoamérica, sino en todo el mundo por causa de la codicia de hombres que desean insaciablemente satisfacer sus apetitos sexuales con mujeres, adolescentes, niñas o niños, sin importarles de dónde son, quiénes son y mucho menos cómo han llegado ahí. Sólo una sociedad egocéntrica y llena de deseos desmedidos podría seguir permitiendo que miles de jóvenes, adolescentes y sobre todo infantes, sean secuestrados, engañados o presionados, para suplir la demanda de carne que hay en pornografía y prostitución.


Dos jóvenes, una de ellas casi niña, deciden fugarse con hombres extraños bajo la lluvia, fugarse del calor de un café de olla, del olor del maíz, de su lengua Cuicateca, tal vez porque no quieren repetir el ciclo que sus familias y ancestros han repetido, o porque creen que al otro lado de su pueblo, allá en la ciudad, hay un sueño más grande por alcanzar, y no ven la hora de escapar de la estufa y las tortillas, de finalmente hablar sólo en Castellano.

Mientras las jóvenes de los grupos indígenas, o los pueblos apartados de la ciudad, no conozcan qué posibilidades hay para ellas más allá, ni tengan opciones de desarrollo y sustento en donde viven, y mientras no estén prevenidas sobre los hombres que van enamorando mujeres para llevarlas, engañadas y forzadas, a la prostitución y no puedan disfrutar de salud, alimento y buena educación al mismo tiempo que abrazan sus lugares de origen y cultura, estas mujeres, niños y niñas seguirán expuestas al tráfico sexual.
La protagonista del cortometraje Mercancía es Citlalli, una joven indígena que trata de abandonar su pueblo junto con María, su hermana menor, y cuyos movimientos se ven entorpecidos por una anciana que ve el peligro, pero sin hablar de él directamente con ellas, desviándolas momentáneamente de su camino, sin conseguir alejarlas totalmente de él.

Las jóvenes de las comunidades indígenas son vulnerables a verse involucradas con hombres que sólo planean traficar con ellas, no sólo por su ignorancia y deseo de salir del territorio en que se desarrollan, sino también por la falta de empleo y de recursos en los pueblos, donde incluso los mismos padres de familia pueden llegar a considerar vender a sus hijas como “servicio doméstico” teniendo noción de cuál será su verdadero fin.

Tal vez hace falta un gran esfuerzo para detener a los traficantes de mujeres, niñas y niños en todo el mundo, tal vez parece imposible, tal vez ningún joven, padre de familia, o ninguna persona cercana a nosotros ni nosotros mismos sería capaz de hacer algo así. Pero no sería ni siquiera necesario atrapar las redes de trata de personas, si no existiera esa demandante necesidad de consumir sexo e incluso de pornografía. Entonces miles de mujeres, niñas y niños en el mundo, no estarían dándole servicio a más de 10 hombres desconocidos por noche, a veces muchos más, ni estarían encerrados en lugares fríos, en pobreza y drogadicción, en países o lugares desconocidos, con miedo, y siendo dañados física, emocional y mentalmente de una forma que es casi imposible de reparar.

Mercancía no sólo habla por aquellas mujeres, adolescentes, niñas y niños secuestrados en lugares rurales, sino también por las que caen en la ciudad, o incluso paseando como turistas, o viviendo vidas que se parecen a la que vive cualquier vecina, amiga, sobrina, hermana, esposa o hija.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

¡¡Nueva Actriz!!

Las cosas cambian súbitamente, y nuevas oportunidades aparecen. Así que gracias a Dios, casi literalmente nos cayó del cielo esta nueva y linda actriz. Presentando a...

Things suddenly change, and new opportunities come before us. So thanks to God, almost literally this new and cute actress fell from the sky for us. Introducing...

Tammy Boix/Samantha




lunes, 9 de diciembre de 2013

Desierto Cast y Crew


Karla Bernal/Samantha


Daniel Rocha/Mauricio


Marilyn Escobar/Cinematógrafa


Jorge Luis Cortés/Productor


Lucía Moctezuma/Directora


Si todo sale bien, comenzamos este jueves 12 de Diciembre.

sábado, 7 de diciembre de 2013

El Desierto

Continúa la pre-producción, consiguiendo locaciones, decidiendo fechas, cuadrando las actividades para que los actores puedan grabar y haciendo presupuestos...

Still doing pre-production, finding the place to shoot, deciding dates, mathching the activities for the actors to be part of this and doing the budget...

Mientras tanto, Samantha sigue atrapada en la encrucijada.

While Samantha is still caught in the dilemma.

Volver a la esclavitud donde ya sabe lo que le espera, una extraña zona de confort, arrastrada por las mentiras... o...

Going back to the slavery where she already knows what awaits for her, an strange comfort zone, dragged by the lies... or...

Decidir luchar por lo que se le ha dado, aunque el proceso duela, pero lleve a lo que nunca había imaginado tener, libertad.

Decide to fight for what has been granted to her, even though the process hurts, but takes her to what she had never ever imagined having... freedom.


Todo depende de una decisión.

It all depends on a desition.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El Desierto. Un Cortometraje/ The Desert. A Short Film.


El Desierto es un lugar para ENAMORARSE, para salir del TEMOR, encontrar tu DESTINO y olvidar las MENTIRAS. Pero No es lo mismo salir de la ESCLAVITUD, que sacar esa esclavitud de TU MENTE. ¿Qué decidirás tú?

The Desert is a place to FALL IN LOVE, to get out of FEAR, find your DESTINY and get rid of the LIES. But it´s not the same to get out of SLAVERY, than to take that slavery out of YOUR MIND. 
¿What will you decide?


Samantha, a los 14 años, conoció a Ómar, quien la enamoró y secuestró para prostituírla en D.F. hasta ser rescatada por Mauricio, seis años después. Samantha tiene ya 21 y vive en otra ciudad, está aprendiendo a trabajar como co-propietaria de un café con Mauricio, y recibe todo el apoyo emocional, físico y espiritual que necesita. Pero no ha conseguido superar su pasado, y tendrá que decidir entre volver a la vida con Ómar, o atravesar su esclavitud y caminar hacia su propio futuro.

Samantha, met Omar at 14, a man who got her and took her away for prostitution in Mexico City; six years later she was rescued by Mauricio. Samantha is 21 now and lives in another city, she is learning to work as a café´s co-owner of with Mauricio, and gets the emotional, fisical and spiritual support she needs. But she hasn´t managed to get over her past, and will have to decide between going back to the life with Omar, or get through her slavery and walk towards her own future.


Este será mi tercer cortometraje, seguiré subiendo información al respecto. Espérala :)

This will be my third short film, I will keep on uploading information about it. Coming soon :)


martes, 6 de agosto de 2013

Los días de Enero

Esto lo encontré también en uno de mis cuadernos. Cerca de Abril del 2009.

Vamos a conocernos despacio
Murmullo de sol en invierno
Hay atardeceres que duran un siglo
Nuestro amanecer será eterno
Pintando de bruma mi cielo que es tuyo
Disuelves las hojas, despacio, adiós lo pasado.

lunes, 5 de agosto de 2013

El primer déjalo todo y sígueme

Encontré esto. Lo escribí el 22 de Septiembre de 2009

Te amo y todo lo mío es tuyo. Sé que darte mi vida y mis sueños en tiempos así es disfrutar lo que tengo, lo que has dado, hasta el momento en que me lo pidas otra vez, como una chamarra que me cubre hasta que alguien con más frío la necesita, y sólo yo se la puedo dar; o como mis amigos, sobre los cuales está mi amor, cuando tenga que dejarlos por amor a otros que no conocen esta unión en ti, voy a decirles adiós; y aún si me caso, sabré que su vida te pertenece y que mi primer amor eres tú.

Cada día tengo gozo con lo que me das, o con lo que no tengo, porque en todo te veo a ti, en todo estás amándome y sé que eso nadie me lo puede quitar. No dejes que mi mano se aparte de la tuya, porque con bienes materiales o sin ellos, con hermanos o sin ellos, me da fuerza tu mano sosteniendo aún mis pasos; estoy en tu abrazo.

Me rodean comodidades en una ciudad que te conoce bien o mal, tengo libros a mi lado y promesas de lecturas, una pluma, luz de día tras las cortinas y café con leche e mis labios, pero tu palabra me ha hablado, y ya nada de esto me detendrá.

domingo, 7 de octubre de 2012

Lo In y lo Out

Arena, todo es arena, los dedos de mis pies la remueven, cada músculo de mi cuerpo se estira, y respiro. Inhalo, exhalo, inhalo y mi corazón me recuerda que estoy vivo después de correr por la playa hasta que el cielo se pintó de brochazos pastel y nubes encendidas cuando antes era oscuro.

No me senté en la arena, ni regresé a darme un baño; las olas frente a mí, los albatros paseando sobre ellas... y desee más, más de lo que había escuchado, más que el sabor a sal en mis labios y la luz de la mañana en mis hombros, más que correr y mis pies en la orilla.

Con el agua hasta los tobillos parecía suficiente cercanía, y el agua me acariciaba; corrí un poco para probar y salpiqué a mi al rededor, caminé un poco más hacia adentro, donde el agua me llegara un poco más arriba, pero sin mojar mi ropa nueva de deportes con esa agua salada, sólo para probar. Pero una ola me salpicó más de lo esperado.

Fuera del agua otra vez, tuve frío, tuve miedo de estar afuera. He escuchado sobre las profundidades, de cómo sus olas son tan altas y anchas. 

La arena en mis pies se sentía más real que un mundo dentro del mar.

Los niños y sus mamás comenzaron a llegar, también las parejas de enamorados, algunos jugaban en la orilla, otros se tendían al sol, y yo seguía ahí, con mis pies hundiéndose en dos huecos de arena y los tobillos con una caricia, una que me invitaba a cambiar el suelo de arena por la altura y profundidad del mar.

Un hombre de piel dorada y cabello blanco se acercó a mí. Su aroma era como el de tres frutas tropicales, y su voz parecía la de alguien que ha perdido el miedo de navegar bajo el sol o las tormentas. Saqué mis pies de la arena y lo vi de frente.

Nunca conocerás la profundidad si no entras. Nunca vas a entrar, si no confías. Y cuando estés adentro tal vez pienses "¿Por qué lo hice?" y tal vez mirarás la orilla, y recordarás lo que se sentía tener el control, recordarás que nunca estarías tranquilo hasta conocer la profundidad. Y nunca volverás a ser el mismo. Y nunca desearás volver a mojar sólo tus pies; cuando sepas lo que es la profundidad. No eres el único al que ha llamado, ni el único serías tampoco si decides mirar atrás.

El hombre caminó hasta que el agua ya rodeaba su cintura, y entonces se zambulló.




viernes, 21 de septiembre de 2012

El que no quiere correr, puede dejar de estorbar

Nos levantamos, nos animamos y esperamos que la vida sea un poco mejor, que los amigos nos recuerden y trascender. Que alguien nos haga ser alguien, 24 horas más que rutina, que nadie traspase la linea y alcanzar más que ayer. ¿Quién se da cuenta si nos lastimaron, a quién le importa si la fila de indigentes dormidos nos dio frío en las manos y los pies? 

Si mis deseos enteros se cumplieran y no hubiera límites para disfrutar de los placeres, si cada cosa que deseara la pudiera alcanzar a crédito, si los anhelos se cumplieran como arroz pre-cocido, entonces se me volverían nubes sin agua en tiempo de sed, harta de caminar, aspirar y esforzarme por crecer hacia el afiche del profesional perfecto que vi en la mañana camino al autobús, o a la altura de la mujer multiusos del labial indeleble, o al personaje de hoy, el que ves cuando desayunas tratando de evitar sentirte solo o con alguien pero sin ti. 

Si me preguntaran yo diría que no hay esperanza en tener el estilo más cool, ni está la esperanza en arreglarse la nariz, ni la figura, ni en plancharse el cabello o usar la mejor cera; tampoco hay esperanza en arreglarse el corazón, no hay esperanza en arreglarse la mente, no hay esperanza en decir y creer que somos buenos ni aún en serlo, no hay esperanza si vemos y luego olvidamos, o si nunca sabemos lo que se tejía en nosotros cuando, según algunos ni personas éramos, cuando no eramos aún completos pero ya humanos en el vientre de alguien que tal vez nos amó o tal vez no.

Ahí unas manos nos tejían por dentro y por fuera, te estoy haciendo con tanto temor, con tanta maravilla, eres una obra hermosa, eres un diseño perfecto. Cuántas veces nos rodean esas manos y aún así cuánto olvidamos. No, no tiene sentido arreglarse ni el corazón ni la mente si no decidimos dejar el miedo y tener los suficientes pulmones para decir sí. O decir no. Para entrar al fuego o quedarnos en el hielo, para dejar de tentar la orilla con la punta de los dedos. Cuánto odio la tibieza, cuánto duele como una llaga no ser quien soy.

Si lo sé, es porque alguien lo supo primero, y me dio todo para serlo. Y si tengo que luchar, que luche, y si tengo que renunciar a los montones de paja que no me dejan ver la piedra abajo escondida entre tantos no-tengo-tiempo, entonces renuncio, si tengo que morir que muera. Porque cuando muero a todo lo que me dicen que vale, cuando conozco lo que sí es verdad, entonces vivo.

Todos somos uno, ¿si no crecemos juntos, qué va a pasar cuando llegamos al final?

http://www.youtube.com/watch?v=CY1GmThYHTQ

lunes, 9 de enero de 2012

El gato y la joven

En la habitacion suena el cordon del ventilador que golpea con ritmo de metronomo. El gato camina por un pasillo sin luz, pasa por la habitacion donde hay una pareja viendo television, y sigue de largo hasta el cuarto con pocos bombillos encendidos; donde esta ella, sentada con la espalda pegada a la pared, trae puesta su pijama de ratones, y esa fuerza que parece tener cuando sale a trotar sobre la arena parece haber seguido de largo muy temprano para dejarla ahi tirada en el suelo despues del almuerzo.

El gato, desde la puerta medio abierta, mira sus cejas curvas, y esas mejillas que estan por recibir una lagrima; mira sus labios sin sonido, ella no voltea a verlo, ni siente que esta ahi. Pero en la habitacion no hay silencio, hay pensamientos gritando tan fuerte que parece como si todos en la casa pudieran escucharlos, pero nadie lo hace, solo el gato, y suenan hasta el fondo de sus pupilas en sus ojos amarillos, que la siguen mirando, y ven como en su debilidad se cubre la cara con las manos, comienza a llorar sin nadie que pueda abrazarla, sin haber ser humano que golpee y quite el viento de soledad que esta encima de ella, la mentira que le grita mas fuerte diciendo que todos sus amigos se han ido, que no hay nadie para ella, y que no tiene caso ni siquiera levantarse porque nadie puede entender su pasado, su presente, sus suenios y aun quererla. Que jamas podria alguien entenderla como podria hacerlo algun testigo de su vida, porque no lo hay; que nadie la ama ni ha sabido hacerlo, y nadie podra. Porque esta sola. Sola.

El gato entiende las palabras que habla el mentiroso cuando le da por disfrazarse de aire, pero ella esta debil para evitarlo porque la unica persona que creia que podria entenderla se fue muy lejos, no porque quisiera, sino porque asi tenia que ser. Y mientras llora, el gato intenta recordarle lo que sabe que ella es. Pero no lo escucha, y se detiene en el suelo con las dos manos para recuperarse; el gato mira como trata de estar seria y sin expresion otra vez, de aceptar las mentiras, de sobrellevar el peso tibio de volver a sonreir pensando que a nadie realmente le importa si se siente bien o no. Entonces el gato entra por la puerta y vuelve a intentarlo, pero el aire abre la ventana y sopla tan fuerte que ella no distingue los maullidos apacibles, y deja escapar un sollozo, ya hasta escuchar su propio llanto le lastima los oidos pero no puede parar ni quiere; y el mentiroso toma en sus manos una aguja para sellarle con hilos de oscuridad los parpados, la boca y los brazos. Entonces el gato ruje, ella escucha pero ya no puede abrir los ojos para ver como se convierten los musculos del gato hasta volverse los de un leon. Mientras el Leon y el mentiroso pelean en un lugar oscuro, la luz de la luna entra por una rendija hasta llegar a los ojos de ella y liberarlos.

El Leon ruje, su melena parece de oro blanco, con la garra derecha sobre el pecho del mentiroso que esta vencido y temblando de miedo, lo presiona contra el piso para verle fijamente -Prohibo que vuelvas a acercarte a ella -le dice mirandolo a los ojos, y el mentiroso se estremece para salir huyendo por la ventana.
Ella esta en el suelo recostada, su cara escondida. El camina, y cuando sale del rincon, la luz de luna vuelve a tocarlo, pero ya no es un leon, su cabello es el marco perfecto para un par de ojos que tienen el color del sol; y mientras afuera es de noche, en la habitacion hay un amanecer.

El se sienta junto a ella, con sus dos brazos la rodea. Ella se acurruca sin decir nada, el se acerca a su oido, la llama por su nombre, y entonces lo escucha decir -Yo estoy contigo. Su abrazo dura tal vez segundos, quizas unas horas, o un dia, mil anios. Entonces la joven recuerda, y entiende por primera y suficiente ocasion que nunca mas probara la soledad.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Me provoca

Escuchar una canción por primera vez, y que me guste; despertar a las diez y media de la mañana después de días durmiendo poco, y darme cuenta de que descansé; me hace sonreír tener un secreto, guardármelo y que sea sólo mío; pensar en Papantla, Veracruz, de noche en el parque un viernes de danzón; escuchar a Agustín Lara en otro país; encontrar a mis amigos adentro del metro y sin querer, encontrar a mis amigos en el café Jarocho y a propósito, los colombianos cuando bailan de repente me hacen sonreír; Mary cocinando, recibir una llamada inesperada de alguien a quien quiero, las tortillas recién hechas, las tortillas a mano, las tortillas con sal y limón, las tortillas con salsa, con crema, las tortillas sin nada y en enchiladas; los poemas conocidos y los poemas por descubrir. Sentir cómo el sol se asoma a mi ventana y me llena la mirada de un hermoso amanecer, los finales felices y pensar en lo que me gusta; la sonrisa de Enrique mi hermano que me hace entender y sentir y saber que todo está bien; las fotos donde ríen sin posar; mi abuela cantando malagueña salerosa mientras mueve sus hombros al son. Me hacen sonreír los comienzos felices, la esperanza de que todo se puede superar, el pestañeo de un gato y cuando alguien me dice algo lindo que yo no esperaba; Doña Carmen, los abrazos que no buscan algo a cambio, los silencios compartidos. Me hace sonreír descubrir algo bueno en las personas, y que en mí descubras algo nuevo también.
Me hace sonreír que leas y te guste lo que escribo aquí.

sábado, 12 de noviembre de 2011

MÁS SOBRE AMARILLO DESDE COLOMBIA!!!



 Aurora descubrirá lo que siente por Genaro, y quién es en realidad

IMÁGENES DE REFERENCIA (no originales)





                                                                             
 EQUIPOS DISPONIBLES:
- Cámara HD Cannon 60d.
- Lámparas de Tungstenio,
(1000 watts, 2000 watts).
- 2 Softbox de 500 watts.
- Lente 50.
- Gran Angular, y telefoto.

ACTORES
Adriana Orrego
Jeins Durán

J. Carlos Toro


 PRESUPUESTO:
Transporte. 289.- Pesos Mexicanos. 22.- Dólares.
alimentación y refrigerios. 1,328.- Pesos Mexicanos. 98.- Dólares.
vestuario y utilería. 278.- Pesos Mexicanos. 21.- Dólares.
 

Total. 1,895.- Pesos Mexicanos. 141.- Dólares

Ya estamos listos para la grabación el Martes.
Pero el equipo de Amarillo y yo necesitamos inversionistas financieros para echar todo a andar y hacer este cortometraje realidad.

Tal vez quieras aportar mucho, todo, o cien pesos, te aseguro que aún si todos aportaran cincuenta pesos antes Lunes en la tarde, lograríamos juntar la meta para el rodaje, y sus nombres o empresa aparecerá en los créditos.

Si quieres pero no puedes aportar, debes saber que estoy de todos modos agradecida porque has estado leyendo información sobre lo que estoy hago en Colombia y por tu interés y tal vez hasta tus oraciones.

INFORMACIÓN
Ana Lucía Moctezuma Malacara
No. cuenta Banamex:
90006962644
o
Western Union a
Medellín, Colombia
a Ana Lucía Moctezuma Malacara


Gracias. Sea como sea, sé que dentro de poco, podrás disfrutar de este sueño hecho realidad.

Amarillo, el lugar para comenzar de nuevo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

A Mexico-Colombia production


This is the short film I've been working in since my arrival to Medellín, Colombia. On Tuesday, during production, it will begin to come true...

Synopsis


Aurora is a young cello player, she is married to Genaro, a plastic artist whose new gallery is becoming popular and requiring more of his time, the time he used to give to her. During a discussion in the morning, Aurora realizes that her problems have a root in which she had decided not to think about ever again, a root that has nothing to do with Genaro. So she decides to go that very morning to face the memory of her father, to a lone place, where something awaits her, something she would have never thought about.

Production
Filmcom.

Director: Lucía Moctezuma
Producer: Lucía Moctezuma
Photography Director: Jonatan Gutierrez
producción design: Daniel Rincón y Karina Sandi
Grafic Design: Yazmín García
Make up: Karina Sandi
Camera: Jonatan Gutierrez
Gaffer: Luisa Vela
Grip: Luisa Vela
Sound: Jose David Suárez
Original score from Jorge Abraham Leguizamo

Yellow: The place to start all over.

Una Producción México-Colombia


Este es el cortometraje en el que he estado trabajando desde que llegué a Medellín, Colombia. El martes comenzará a hacerse realidad durante el rodaje...

Sinópsis

Aurora es una joven chelista, casada con un pintor llamado Genaro. La galería de arte de Genaro comienza a ganar popularidad y a requerir más del tiempo que él antes dedicaba a Aurora. Durante una discusión en la mañana, aurora se da cuenta de que sus problemas tienen una raíz en la que ella había decidido no pensar nunca más, una raíz que nada tiene que ver con Genaro, así que decide esa misma mañana ir a confrontarse con el recuerdo de su padre a un lugar solitario, donde la espera algo que nunca hubiera imaginado,

Producción
Filmcom.

Directora: Lucía Moctezuma
Productora: Lucía Moctezuma
Director de Fotografía: Jonatan Gutierrez
Diseño de producción: Daniel Rincón y Karina Sandi
Diseño Gráfico: Yazmín García
Maquillaje: Karina Sandi
Cámara: Jonatan Gutierrez
Gaffer: Luisa Vela
Grip: Luisa Vela
Sonidista: Jose David Suárez
Música original de Jorge Abraham Leguizamo

AMARILLO: El Lugar Para Empezar de nuevo

domingo, 6 de noviembre de 2011

Érase Una vez en el Oeste

Hacer de cuenta que no fue nada, es lo que menos podrías pensar hacer después de ver 
este film de Sergio Leone. 

Con una introducción del viejo oeste y sus chicos malos, que dura más de  lo que comúnmente duraría una secuencia inicial, Cera una volta il West, es un despliegue de fregonería en planos, guión, dirección de actores y violenta quietud. Osea: desde el comienzo, nos enteramos de lo tesos que son sus realizadores. 

Jill McBain, llega a Sweetwater para comenzar una vida lejos de Nueva Orleans y la prostitución, pero los hombres de Frank acaban de asesinar a su nuevo esposo con todo y sus pelirrojos chamacos. Entonces ella; Cheyenne, un forajido inculpado injustamente de este asesinato, que a su vez resultó ser mi personaje favorito; y Harmonica, se encuentran compartiendo una pulsión vengativa en común cuyo nombre es, Frank.

La historia y objetivos de cada personaje están bien trabajados y podemos llegar a conocer a cada uno de ellos y sus motivaciones, sobresale Harmonica, personaje que mientras puede asesinar a tres hombres, de sorpresa, con dos pistolas, en dos segundos y con una armónica; es un caballero que defiende a la “damita” Jill de sus adversarios sin hacerle más daño que el de enamorarla y nunca corresponderle en nada, ni siquiera como diría Paquita la del Barrio “Perdiéndole el respeto”; y a la vez logra el objetivo de su vida, vengarse del hombre que marcó su juventud con una muerte y un instrumento de viento que él ahora toca cuando, según dicen sus enemigos, mejor debería hablar.

Pequeños misterios y revelaciones son sembradas dentro de cada secuencia con la calma y el impacto de un viejo oeste en el que tan solo el más curtido sobrevive.

Resumen: Érase una vez en el oeste es larguísima, tiene escenas tan extensas como el desierto, y me fascina. 

Hasta en su elenco es maravillosa.